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Expansión urbana y sostenibilidad : ¿Cómo podría crecer la Ciudad de Panamá?
En los últimos 25 años, la Ciudad de Panamá ha experimentado un crecimiento notable de su huella urbana. La reversión y devolución de la antigua zona del Canal a manos panameñas, las políticas estatales que fomentan la inversión privada nacional e internacional, los cambios en la normativa y los usos del suelo, así como el aumento de la población en el área metropolitana, han sido factores determinantes de esta rápida expansión.
Históricamente, este crecimiento estuvo condicionado por la frontera política que dividía la ciudad del enclave norteamericano, limitando su expansión de forma longitudinal hacia el este y concentrándola a lo largo de la línea costera de la Bahía de Panamá y algunas áreas del norte y oeste del territorio metropolitano. Esta condición generó una ciudad relativamente extensa en comparación con otras capitales del continente, como Bogotá o Santiago de Chile. Para ilustrarlo: la extensión de la Ciudad de Panamá desde Nuevo Tocumen hasta La Chorrera es de aproximadamente 60 km lineales y cerca de 80 km por carretera, mientras que Bogotá mide 45 km lineales y casi 60 km por carretera en sus extremos más alejados. Si se compara esta extensión con la densidad de población por km2, se observa que la Ciudad de Panamá, además de extensa, es particularmente poco densa frente a una Bogotá compacta y concentrada.
Este patrón genera una huella urbana costosa e insostenible: cuanto más se alejan los nodos urbanos del centro, mayor es la inversión necesaria en infraestructura pública, como vías de transporte, sistemas de acueductos y alcantarillado, líneas eléctricas, equipamiento urbano y servicios básicos. Como resultado, se obtiene una ciudad fragmentada, dispersa, de baja densidad y escaso aprovechamiento territorial, con una calidad de vida limitada para sus habitantes y un impacto considerable sobre la masa vegetal de su bosque tropical húmedo.
Frente a los efectos del cambio climático, preguntarnos cómo queremos que crezca la ciudad es el primer paso para pensar en un desarrollo urbano más sostenible y resiliente. Hoy existen modelos que promueven un crecimiento integrado con la realidad ambiental, social y económica. Estrategias como la “Ciudad de 15 minutos”, que permite cubrir las necesidades diarias caminando o en bicicleta; el fomento del uso mixto del suelo en áreas centrales para generar desarrollo socioeconómico sostenible; la inversión en espacios públicos de calidad; y la promoción del transporte público eficiente, son ejemplos de medidas que pueden transformar la ciudad. Sin embargo, su implementación requiere interés político, inversión privada y compromiso social para construir proyectos de vivienda alineados con estos principios.
La Ciudad de Panamá cuenta con oportunidades que merecen atención. Un ejemplo claro es el centro urbano. Barrios como Calidonia, La Exposición y Bella Vista Viejo han sido progresivamente desocupados, a pesar de su ubicación estratégica. La expansión hacia las periferias, la revalorización del suelo, la decadencia del tejido urbano y la ocupación de grandes lotes por entidades públicas han convertido estas zonas en “barrios fantasmas”: activos durante el día como centros de trabajo, pero deshabitados y peligrosos durante la noche. Reorientar la atención hacia estas áreas, implementando proyectos de vivienda sostenibles, de la mano con inversión pública y compromiso social, permitiría construir una ciudad más integrada, segura y resiliente.
Desde la perspectiva arquitectónica, existen casos de estudio relevantes. La práctica de los franceses Lacaton & Vassal, laureados con el Pritzker 2021, se centra en transformar, reutilizar y reacondicionar los espacios existentes, aprovechando recursos locales y presupuestos limitados, siempre priorizando a las personas y comunidades. Proyectos como las unidades habitacionales del Grand Parc de Burdeos o el Palais de Tokyo en París muestran cómo la intervención mínima y la reutilización del espacio pueden mejorar la calidad de vida sin necesidad de demoler estructuras existentes.
Aplicar enfoques como los de Lacaton & Vassal en el contexto de áreas abandonadas del centro de la Ciudad de Panamá permitiría densificar barrios deshabitados, detener la expansión desmedida, reducir el déficit habitacional y mejorar el estilo de vida de los habitantes, respetando siempre el carácter de ciudad tropical frente al mar. Este modelo demuestra que es posible integrar bienestar social, economía local e inversión urbana de manera sostenible y replicable, construyendo una ciudad más humana y resiliente para las futuras generaciones.