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Mecanismos arquitectónicos

No existe una fórmula exacta ni una receta única para iniciar un proyecto arquitectónico. Sin embargo, en la etapa conceptual los arquitectos contamos con un abanico de mecanismos o estrategias que nos ayudan a dar forma a las ideas que buscamos materializar. Conviene subrayar que dichos mecanismos no son las ideas proyectuales en sí mismas, aunque con frecuencia puedan confundirse durante el proceso creativo.

Las ideas, en el contexto arquitectónico, constituyen un conjunto de intenciones que generan un concepto central a partir del cual se desarrolla todo el proyecto. Son el resultado del entendimiento del programa arquitectónico, de las necesidades funcionales, de los valores estéticos de una sociedad o de un individuo, así como del análisis de las condicionantes físicas —naturales y artificiales— del sitio en donde se emplaza la obra. Los mecanismos, en cambio, son las herramientas que permiten construir esas ideas y dar cuerpo a los conceptos. Dicho de otro modo: los mecanismos son el medio, y las ideas, el fin.

Como señala Campo Baeza, los mecanismos arquitectónicos son estrategias formales para alcanzar determinados resultados espaciales: no son ideas, sino operaciones que traducen las ideas en materia. Por ejemplo, una doble altura conectada con otra mediante un desplazamiento vertical no constituye una idea arquitectónica; es simplemente un mecanismo que materializa la idea de un espacio diagonal.

De manera análoga a los recursos literarios —la metáfora, la aliteración o la hipérbole— que un escritor o un poeta emplea para expresar con eficacia sus ideas, los mecanismos arquitectónicos son herramientas de las que se vale el diseñador para proyectar con maestría y precisión una visión a materializar. Estos pueden manifestarse como acciones simples —como los 84 verbos recopilados por Richard Serra en su Verb List (1967)—, o como estrategias más complejas que involucran conceptos espaciales como el orden, la proporción o la luz. En muchos casos, incluso, se traducen en decisiones pragmáticas que responden a necesidades técnicas, resolviendo con sentido común problemas constructivos, estéticos y funcionales.

Lo valioso de estas operaciones de diseño es su carácter atemporal y universal: pueden aplicarse a cualquier proyecto, en cualquier lugar y en cualquier época. La Casa Farnsworth de Mies van der Rohe y la Casa Malaparte de Adalberto Libera son ejemplos de esto. Aunque responden a ideas distintas y fueron concebidas en contextos diversos, ambas recurren al mismo mecanismo arquitectónico: la plataforma horizontal. Para Mies, la idea central era la ligereza con la que la casa debía posarse en un terreno inundable, enfatizando además la transparencia propia de su lenguaje tectónico. Para Libera, en cambio, la idea era radical: fusionar la vivienda con la roca donde se asentaba, mediante un podio macizo y estereotómico que subrayara el horizonte y estableciera una tensión entre cielo, mar, suelo y ser humano.

 

Mies van der Rohe. Casa Farnsworth. 1950 | Plano, Illinois, EE.UU.

 

Jørn Utzon. Dibujo de plataforma maya. 1949 | Yucatán, México.

 

Este recurso arquitectónico, descrito por Kenneth Frampton y empleado desde las civilizaciones antiguas —egipcia, persa, griega o maya—, permitía construir templos, pirámides y espacios rituales que conectaban a las personas con su entorno inmediato y con lo sagrado. El plano horizontal, como lo define Baeza, se potencia gracias a la perspectiva. Si frente a nosotros se alza un plano rectangular grande y horizontal, lo veremos como un trapecio; si el plano se sitúa más bajo, el trapecio se amplifica; pero si se eleva hasta coincidir con la altura de nuestros ojos, desaparecerá y quedará únicamente una línea recta. Eso mismo ocurre en la Farnsworth y en la Malaparte: al situar el plano horizontal a la altura de la mirada, la tierra se convierte en línea, y el conjunto adquiere una ligereza insuperable (Farnsworth) o una fuerza monumental (Malaparte). En ambos casos, el mecanismo trasciende y se traduce en proyectos extraordinarios, memorables y universales.

 

Adalberto Libera. Casa Malaparte. 1943 | Capri, Italia.